lunes, 11 de abril de 2011

Esta Enredadera

Qué hacer cuando la simple existencia se vuelve complicada? Qué hacer cuando el vivir es una carrera de obstáculos en donde cada uno va aumentando en tamaño al anterior?

Creo saber la raíz del problema, pero lo que aún no creo saber es la solución al mismo. Pues la enredadera de sentimientos encontrados que crece dentro pareciera tener vida propia, pareciera que decidió por si sola deshacerse de quien habiéndola plantado y le dio la vida misma ahora le parece inútil, un estorbo, para vivir su propia existencia como le plazca hacerlo. Cuando se intenta podar y ningún filo pareciese ser lo suficientemente fuerte para cortarla de raíz, la mejor solución aparentemente es conformarse a crear una casa de campo alrededor de tan horrorifica naturaleza, que a la vez incita a quien la admira , ya sea por curiosidad o por asombro, a la misma comodidad y de esa manera nos inspira un profundo sentimiento de querer habitar cuan cerca se pueda por la adicción al sentirse en casa alrededor de ella.

El problema parece renacer al poco tiempo cuando la casa de campo no es suficiente y se necesita aumentar la calidad de vida, si eso es lo que se le puede llamar, en este lugar. Donde tal sitio se ha vuelto la realidad misma dentro de un sueño del cual es casi imposible escapar,en donde no es tan malo o asi lo parece una vez que la costumbre y la rutina se apoderan de este y parecieran enmarañarse conjuntamente con los otros sentimientos olvidados en la enredadera. Pero aún queda un vestigio de razón que pareciera ser veneno mismo para todo este mundo, el subconsciente que pide a gritos que lo saquen de esta pesadilla que entre la cordura y la locura, queda expresamente al descubierto que quien fue participe y hasta podría decirse que el arquitecto de dicho universo ha sido nada más que esta figura de subconsciente, que con tal afán por salir huyendo de la que hace un tiempo atrás parecía la realidad perfecciono en sí mismo y fue tejiendo una trampa mortal.

Es por eso que vivo solamente para traer a mi memoria a cada instante, recuerdos que atormentan pero que después de tanto perseguirme se vuelven los únicos amigos capaces de reclamar y recuperar ese rincón de mi mente en donde el resto de ella se ha vuelto un lugar tan ampliamente vacío. Busco y sigo buscando el resto de memorias acumuladas con tan delicioso sabor a niñez, sabor a juventud y sobretodo sabor a felicidad, pero por más que lo intento no me permito encontrarlas.

Abro cajones y veo el mismísimo abandono atrapado en una esquina, polvoriento y con telarañas, veo pesados libros, cargados con dolor y desesperación, pero muero por abrirlos, pues como siempre dicen no hay que juzgar un libro por su portada o no es eso lo que por tanto tiempo intentaron inculcarnos para evitarnos un suicidio social?

Cada página con color a viejo, olor a olvido y polvo con sentimiento de dejadez, me instan de una manera extraña a seguir leyendo, a seguir escribiéndolos para llenar así una librera más de enciclopedias de vida, o de muerte en vida. Un cumulo de escritos con un dejo de ausencia de una vida que ha sido vivida al máximo en insensatez y encierro, en inmadurez y rebeldía, en justificaciones que la hacen merecedora de aplausos en honor a la sola supervivencia de un ser tan oscuro pero rico en vivencias que aun la mayoría de personas no han experimentado, que no se descifrar aun si por suerte o azares del destino.


Murmuro en un silencio tan penetrante, tan capaz de cortar la más concentrada de las alegrías, para mantener contacto con aquel mundo humano y racional, que a estas alturas se vislumbra tan lejano. Para no creer que me encuentro en un universo paralelo aislado de cualquier contacto, un sitio donde el calor humano es tan solo una más de las ilusiones o jugarretas que mi mente, en un ardid de maldad, se las ha ingeniado para hacerme creer que no soy capaz de obtener ni en un mismo sueño, y donde la soledad es la más grata de las compañías en un camino que solo me he forjado por voluntad propia del cual no encuentro y posiblemente no encontrare jamás una salida congruente, ni mucho menos una que me guie a la paz.

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